Con el deceso del Luis Alberto González Sotomayor, la sociedad sudcaliforniana pierde una de las mentes más lúcidas de la academia.

El 11 de agosto se tuvo conocimiento de la muerte del maestro Luis Alberto González Sotomayor, especialista en estudios sociales y humanísticos, así como en temas de frontera y orientación en el pensamiento histórico y sociológico contemporáneo. La Universidad Autónoma de Baja California Sur (UABCS), que fue su casa académica durante los últimos años de su vida, expresó sus condolencias por la pérdida. A la máxima casa de estudios de Baja California Sur (BCS) se le unieron la presidencia municipal, alumnos, amigos, compañeros de trabajo y periodistas, quienes también manifestaron su dolor. Los restos mortales del profesor fueron velados en la capilla del panteón Jardines del Recuerdo.

El extitular de la Coordinación de Fomento Editorial del Instituto Sudcaliforniano de Cultura (ISC), Sandino Gámez Vázquez, escribió en su perfil de Facebook que el maestro Luis Alberto llegó a BCS “desde Puerto Rico con su querida esposa, Olga Dorantes, editora y pianista”, para “participar de la vida en esta comunidad de pensamiento, formando mentes críticas como profesor, compañero de estudios y polemista”. Sin faltar a su conocida postura crítica, el exfuncionario  agregó que el Instituto Sudcaliforniano de Cultura “le debe” al profesor “la publicación de su libro sobre la mexicanidad de Bahía Magdalena, un profundo estudio sobre la historia de ese espacio estratégico californiano en el contexto del imperialismo estadunidense”.

Precisamente este tópico, Estados Unidos (EEUU) y su relación con  México, le apasionaba a González Sotomayor. A principios de 2017 ofreció una entrevista a Diario El Independiente, donde advertía sobre el retroceso ideológico que significaba la llegada de Donald John Trump como a la presidencia de EEUU, y lo comparaba con Andrew Jackson, quien gobernó entre 1829 y 1837, y sentó las bases para que James Knox Polk invadiera territorio mexicano y se hiciera del 53 por ciento del país.

González Sotomayor señalaba en aquella entrevista que la democracia jeffersoniana comienza a ser insuficiente a partir de 1819 y, con Napoleón Bonaparte derrotado e Inglaterra orgullosa de su potencia naval, nace en 1828, encabezado por Andrew Jackson, el Partido Demócrata, el cual en su momento era “esclavista y antiestablishment […], pero representaba a los que fueron desplazados por la primera oligarquía estadounidense”. Con este poder en sus manos, el presidente del billete de 20 dólares “buscó ampliar el espacio territorial en manos de los nuevos inmigrantes y de eso que llaman pueblo”, es decir blancos nacidos en EEUU.

Cuando Jackson ganó la presidencia, “su discurso es un discurso autoritario”, decía el maestro Luis Alberto González, “medio tiránico pero dizque representaba al pueblo”. Entonces, este hombre que é comparaba con el republicano Donald Trump, “vio la necesidad de distribuir tierras entre los colonos blancos, y lo que hizo fue agarrar a las llamadas Cinco Tribus Civilizadas: Cherokee, Chickasaw, Choctaw, Creek y Seminola, que habitaban en los márgenes del Mississippi y habían decidido incorporarse a la vida estadounidense como agricultores, y los mete a un campo de concentración que llamaron reservación, ubicado en Oklahoma. Los saca de su área natural ribereña y los manda en invierno, en medio de la nieve, a pie: lo que en Estados Unidos se llama Sendero de Lágrimas”.

Jackson abrió después la economía del sur “y promovió el avance sobre Texas”, que se consolidó con James K. Polk, su aprendiz, al declararle la guerra a México. De esta manera, la práctica de conquistar a partir de la economía se volvió reglamento para EEUU. Cuando México inicia sus leyes de reforma, dando pie a nuevos conflictos internos, esta vez entre conservadores y liberales, en EEUU iniciaba la industria. Así, entre 1850 a 1860 su fuerza se vuelve imparable. De esta manera se consolida el carácter de la nación estadounidense que se mantiene hasta Trump, quien uno de los líderes de la “supremacía blanca”.

El Departamento de Difusión Cultural de la UABCS declaró a Luis Alberto González Sotomayor un “incansable formador de mentes críticas, amante de la historia naval y profundo pensador social”, mientras que el alcalde la presidencia de La Paz lo consideró un “gran intelectual sudcaliforniano, humanista, historiador y revolucionario, forjador del pensamiento latinoamericano”.

Luis Alberto González también era conocedor de literatura, y gracias a ello encontró similitudes entre creadores aparentemente apartados, como José Martí y de Filemón C. Piñeda. El catedrático había descubierto que el poema Nuestra América, del libertador cubano, se asemejaba al Bahía Magdalena del intelectual sudcaliforniano. Refería que ambos atacaron con literatura el dominio norteamericano. En 1889, señalaba el maestro, Martí hacía un planteamiento sobre la globalización en su poema, mientras que, para 1908, Piñeda se oponía al despliegue de embarcaciones enviado por el presidente Theodore Roosvelt hacia Bahía Magdalena.

La periodista Gladys Navarro, profesora de la UABCS, expresó que González Sotomayor “deja un gran ejemplo de vida y sobre todo de lucha”, pues fue “solidario, generoso y valiente hasta el final: frente a las adversidades, el cansancio, la tristeza o desesperanza, como siempre nos dijo, hay que seguir, seguir, seguir…” Asimismo, el periodista Gilberto Santisteban, comentó que la lección más importante que le dejó “el maestro Sotomayor”, como lo llamaban cariñosamente, fue que “la memoria colectiva nos define como la suma de lo que sembramos en los demás”, y la memoria colectiva sin duda lo conservará como un ser humano que con sus enseñanzas hizo de este un mundo mejor.

Fotos de Diario Hertziano

Información de Diario El Independiente

1 comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

  • Para los cubanos que amamos la Patria Grande, y soñamos con Puerto Rico como la obra inconclusa de los libertadores, la pérdida es irreparable. Luis Alberto fue un patriota cabal, un independentista consecuente, que vivió su vida como un soldado de la causa Antillana. Lo recuerdo en La Habana, peregrinando en la necrópolis de Colón tras las tumbas de los mambises boricuas, o enardecido al hablar de Rius, Lola, Pachín, Hostos y Betances. Fue un mambí culto e infatigable, que hizo de las ideas su principal trinchera de combate. En Cuba tuvo su segunda Patria, y en México, el hogar cálido y hospitalario que le hiciera asumir como propia la patria de Juárez. Mucho extrañaremos sus acertados comentarios de actualidad, sus reflexiones históricas y geopolíticas. Hombres de su estirpe, eternos soñadores y quijotes invencibles, nunca se van. El más fuerte de los abrazos, hermano querido.
    René González Barrios