J. Evik Galicia

jgalicia@ucm.es / https://seddeviajar.com

—“Por favor, por favor, no puedo respirar. ¡No puedo respirar!…”, suplicaba George Floyd al policía que lo sometía en el suelo. Sus plegarias no funcionaron. Luego de más de ocho minutos de soportar el peso y la rodilla del oficial sobre su cuello, con apenas leves signos de vida, Floyd fue llevado al hospital más cercano para ser declarado muerto a los pocos minutos de haber ingresado.

George Floyd, un hombre afroamericano de 45 años, fue arrestado el pasado 25 de mayo de 2020 bajo sospecha de utilizar dinero falso en una tienda local. El presunto criminal había entrado a Cup Foods Grocery para comprar un paquete de cigarros. El empleado del local sospechó que el billete de 20 dólares con el que había pagado era falso, por lo que llamó a la policía, según el protocolo que debía seguir en estos casos.

La policía llegó pronto. Floyd se encontraba en su auto, cerca del lugar. Junto a él había más personas. La policía comenzó el cateo y pidieron a los sospechosos que salieran. George Floyd se resistió, por lo que la policía desenfundó su arma, le apuntó a la cabeza y le exigió salir del auto por segunda ocasión.

Una vez puestas las manos en el volante, Floyd fue arrestado. A los pocos minutos llegaron más policías. Fue entonces cuando fue llevado al otro lado de la acera, donde fue sometido y puesto sobre el asfalto para luego fallecer asfixiado a manos de Derek Chauvin, oficial de 44 años.

Durante el arresto hubo varios testigos, entre ellos el empleado que previamente había reportado a Floyd. La brutalidad del arresto generó que se compartiera en redes sociales, haciéndose viral, y entonces la indignación no se hizo esperar.

La muerte de Floyd llenó de rabia a la comunidad afroamericana, ya que el incidente se suma a los miles de casos que suceden a lo largo de Estados Unidos, sin ser castigados. Previo al incidente de Floyd en Minnesota, otros dos afroamericanos fueron asesinados “accidentalemnte”: Ahmaud Arbery (Georgia) y Breonna Taylor (Kentucky). El primero fue asesinado mientras corría por un barrio blanco, confundido por un ratero, y Taylor fue baleada en su propia casa cuando un grupo de policías intentaba catear su apartamento tras haber recibido un informe de manejo de narcóticos en el domicilio, dato que no tenía nada que ver con la vida cotidiana de la joven enfermera.

Hasta hoy, más de 140 ciudades, tan solo en la unión americana, han llevado a cabo actos de saqueo y destrucción del espacio público y privado como protesta contra el abuso policial, la negligencia y omisión de las autoridades. La comunidad de color exige justicio bajo el hashtag #blacklivesmatters

Chauvin, por su parte, tras la investigación fue retirado de su cargo y sentenciado a prisión acusado de asesinato en 3er grado. Así, en medio de la crisis sanitaria derivada del COVID-19, las principales ciudades de Estados Unidos se llenan de fuego ante la rabia de la injusticia cometida.

George Floyd es una víctima más de la crueldad policial y el racismo en Estados Unidos propagado por grupos neo-nazis e incluso por el propio Donald Trump al manifestarse en contra de los no-estadunidenses, sobre inmigrantes de origen mexicano.

El día de la detención de Floyd, no llevaba arma alguna consigo, tampoco el resto de las personas que estaban con él. Colegas y amigos han declarado a distintos medios que Floyd era un buen hombre, un “grandulón demasiado bueno”, según las palabras de su familia[1]. Floyd frecuentaba la iglesia de la comunidad y a menudo se le vía siempre sonriendo.

—Tenía siempre una buena disposición. Lo queríamos. —recuerdan con nostalgia los compañeros de trabajo del fallecido.

Floyd se había mudado a Minnesota para comenzar una nueva vida, ya que antes años había pasado 5 años en prisión por el delito de robo a mano armada en una localidad de Houston. Luego de salir buscó probar suerte en un nueva ciudad para así iniciar de nuevo. Tenía dos hijas, una de ellas de apenas 6 años de edad, pero no tuvo oportunidad de reconstruir su vida.

En cuanto a Chauvin, el oficial responsable del asesinato, se descubrió que ya tenía varias quejas archivadas en su contra, una de ellas lo relacionaba con un brutal tiroteo donde un sospechoso murió como consecuencia de la balacera.

En su sección policial, violó varias reglas de conducta, una de ellas relacionada con la política de no videograbación del departamento, y tenía también por lo menos otras 17 quejas acumuladas en dos décadas de servicio que llevaba como policía.

El presidente Trump, mientras tanto, a través su cuenta en Twitter y declaraciones oficiales ha mencionado que no permitirá que “anarquistas profesionales” vandalicen la nación. Ha ordenado que la guardia nacional ocupe las calles para recuperar el orden, y acabar “rápido con esto”, dijo en su último video publicado en su cuenta en Twitter.

Estableció un toque de queda, en el que cualquier persona que viole el mandato de permanecer en casa después de las 7 pm, afrontará serias consecuencias legales. “Mientras digo esto, envío a miles y miles de militares armados para detener el saqueo y los alborotos”. “Tenemos una ley, un orden, una hermosa ley… Siempre ganamos”

Con información recabada de GolbalNews.



[1] https://globalnews.ca/news/7010572/george-floyd-arrest-explained/

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